
«El camino del exceso lleva al templo de la sabiduría.»
Sir William Blake
«El rechazo de cualquier fuente de evidencia es siempre una traición al racionalismo último que empuja hacia delante tanto ciencia y como filosofía.»
Alfred North Whitehead
Este libro surge del impulso de integrar una serie de experiencias como médico y usuario de marihuana, para avanzar en la conciencia más allá del bien y el mal, y profundizar en el conocimiento humano.
Hay varias formas de acercarse al conocimiento. Creyendo lo que te dicen, entonces: «Yo creo en Dios». Otra forma es no creer; simplemente, no creo lo que me dicen: «Yo no creo en Dios, soy ateo».
Esa forma está más cerca. Una tercera es dudando: «Yo no sé si hay o no hay Dios». En este caso estamos ante alguien escéptico, agnóstico; alguien que no sabe si creer o no creer. Esa persona está en la búsqueda, por lo tanto, está más próximo al conocimiento. Yo estoy más con este último caso.
Pero hay otra manera. Una un tanto escabrosa, más dura, donde no hay un camino trazado, sino solamente una orientación. Esa es la vía de la experiencia. Donde, muertos de hambre, cruzando el bosque oscuro de noche, encontramos restos de salmón en brasas aún incandescentes. Y al precipitarnos y tomar un trozo, nos quemamos las manos y la boca... Como cuando nos clavamos intentando tomar con las manos la belleza de una rosa. Ese es el camino del conocimiento, imposible de trazarlo sin la experiencia.
Pero la experiencia necesita bases sólidas para avanzar. No se trata de tomarse un primer San Pedro o una estampilla con LSD en un carrete, o fumarse el primer cigarrillo de marihuana por echar humo.
Se presupone una búsqueda de estados mentales para entender y para aliviar.
Para mí, la marihuana fue una liberación de mi neurosis obsesiva, y la uso como un gran sedante y analgésico. Y también como inspiración, para detener el mundo de la mente parlante y verme y recapitular, por ejemplo, qué hice bien y mal en mi jornada, dónde no fui consciente, para poder realizar introspecciones luminosas o insights.
La usé mucho después de seis operaciones de columna en las que tuve el riesgo de quedar inválido y para poder deshacerme de los analgésicos opiáceos que consumí, tratando de aplacar los tremendos dolores que sufría.
Sé que mi experiencia es personal, pero también es colectiva. He sido médico y he recetado marihuana muchas veces. Esto no es secreto, ni tampoco, que en estos días en muchas partes del mundo también se hace.
Está también demostrado que nuestro cuerpo produce marihuana y tiene receptores para ella.
De hecho, hace tiempo que la FDA (Food and Drug Administration: Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos), junto a varias entidades médicas del mundo, incluyen y prescriben la marihuana para el tratamiento del glaucoma, el dolor crónico, la anorexia, la dismenorrea, la epilepsia, la artritis reumatoidea, como complemento a la quimioterapia del cáncer, para el autismo, y suma y sigue.
Como dato intresante, les puedo contar que la empresa Altria, fabricante de la reconocida marca de cigarrillos Marlboro, compró el 45 por ciento de la empresa canadiense Cronos, que cultiva y distribuye marihuana, en U$ 1.400 millones, cuando Canadá permitió su uso terapéutico y recreacional.
Que la marihuana sea una planta medicinal no es ningún descubrimiento, como tampoco lo es el conocimiento de que tenga muchos más efectos benéficos que adversos. En la mayor parte de las culturas nativas y antiguas la cannabis es considerada salutífera.
En la farmacopea del emperador chino Sheng Nung, padre de la medicina china, hallamos la primera descripción de las virtudes medicinales de la marihuana y la recomendó ya hace cinco mil años. La usó para todo tipo de dolores, sobre todo para aquellos del síndrome premenstrual. Hoy, todavía existen países donde impera su prohibición, no obstante la apertura de Estados Unidos, de donde aquella emanó, y la de varios países europeos, entre los cuales Holanda fue pionero.
Este libro no es ficción, la que me encanta, aunque la realidad la supera con creces en mi vida. Trata de mis experiencias con la marihuana y con pacientes a los que se la he prescrito. De hecho, tras un período de análisis llegué a recetarla con conciencia. Y fui el primer médico que lo hizo en Chile.
Espero que estas líneas les lleguen como una forma de conocimiento y les sirvan en su propia evolución, en su propio camino. No para creer o no creer. Quizás para dudar. O para saber...
«Solo quien sabe qué es demasiado, sabe qué es suficiente.»
Pagalo